En el Auditorio Ryman todo han sido nervios, entusiasmo y alegría desde que el 12 de Febrero se hiciera pública la siguiente noticia: Emmylou Harris entrará a formar parte del célebre Country Music Hall of Fame este mismo año. Ladies and gentlemen, lo crean o no, este es el mayor reconocimiento que un artista de música country puede recibir.
Desde luego, si alguien me pidiera que eligiese a una artista femenina capaz de representar el espíritu country de los últimos 35 años (me ha parecido oírselo a alguien en el público), mi respuesta sería: “Emmylou Harris”.

Tanto es así que la semana pasada me regalaron (¡qué bien me conocen!) el quinto/sexto disco de Emmylou: “Blue Kentucky Girl” (1979). La selección de canciones no podía ser más exquisita: “Hickory Wind” (Gram Parsons), “Save The Last Dance For Me” (llevada por los Drifters al número 1 en América) o “Everytime You Leave” (de los Louvin Brothers). Suele decirse de este disco que es su esfuerzo más notable por acercarse de nuevo a la esencia de la “música cósmica americana” (crédito a Gram Parsons) de sus comienzos. Ella misma confiesa que, en “Blue Kentucky Girl”, puso toda su creatividad al servicio del country (en reacción a los comentarios de los críticos más puristas, que atribuyeron el éxito en las listas de su anterior disco, “Quarter Moon In A Ten Cent Town” (1978), a los arreglos pop de las canciones). En este sentido, “Blue Kentucky Girl” fue como dar un paso atrás: “No Beatles song. Just very, very pure.” De ahí también, quizás, la apariencia “pseudo-vintage” de la artista (como si de una Kitty Wells de los 70 se tratara) en la portada.

Los comienzos de Emmylou Harris en el country se encuentran ligados a los dos álbumes (“preciosísimos”) de Gram Parsons en solitario: “G.P.” (1973) y “Grievous Angel” (1974). Esto es así porque a Emmylou la descubrieron los Flying Burrito Brothers en un club de Washington allá por 1971 (cuando Gram Parsons, líder de la banda, andaba rumiando la idea de comenzar su propio proyecto en solitario).
Antes de volar a Los Ángeles para grabar con Gram Parsons, Emmylou apenas había oído country: Hank Williams, Woody Guthrie, y poco más. Después de escuchar a los muchos artistas con los que Gram Parsons se entusiasmaba (los Louvin Brothers, Merle Haggard o George Jones, además de Elvis Presley, claro está), Emmylou afirma que se convirtió en una “fanática del country”.

Su colaboración junto a Gram Parsons dio varios frutos bien jugosos: una serie de canciones rebosantes de entendimiento, emoción y preciosismo vocal. “Love Hurts” (brillante composición del matrimonio Bryant), “We’ll Sweep Out The Ashes In The Morning”, “A Song For You” o “In My Hour Of Darkness” son sólo algunos ejemplos. Después, Buck Owens, Roy Orbison, Linda Rondstadt, Dolly Parton, Neil Young, Steve Earle, Elvis Costello y (el último por el momento) Mark Knopfler (entre muchos otros) también compartirían interpretaciones con Emmylou.
Durante la grabación de sus dos primeros discos, “Pieces Of The Sky” y “Elite Hotel” (ambos de 1975), Emmylou contó con el apoyo de los músicos que habían tocado en el “G.P.” y “Grievous Angel” de Gram Parsons (algunos de los cuales habían acompañado también a Elvis): Glen D. Hardin y James Burton son, quizás, los más destacados. Este fue el comienzo de la llamada “Hot Band”, que seguiría arropando a Emmylou hasta finales de los 80.

De su primera época me gustan muy especialmente canciones como “From Boulder To Birmingham” (dedicada a Gram Parsons tras su estremecedora muerte), “Too Far Gone” (su primer single) o “The Bottle Let Me Down” (el clásico de Merle Haggard).
Hoy, a sus 60 años, Emmylou Harris sigue grabando, realizando colaboraciones (¿no han visto el “All The Roadrunning”, junto a Mark Knopfler, en las estanterías de las tiendas de discos?: muy recomendable…), ofrenciendo conciertos, participando en homenajes (innumerables los dedicados a Gram Parsons; el útimo, un tributo a Porter Wagoner), concediendo entrevistas, y así hasta completar un largo etcétera.
Su entrada en el Country Music Hall of Fame es un honor merecido. Así pues, el Auditorio Ryman quiere dar la enhorabuena a su madrina (¡gracias por acordarte de nosotros en 1992!), gritando…
Long live the Queen!